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En este trabajo vinculado a “Visiones de ignominia”, la imagen del mar, como tierra de nadie, funciona a un doble nivel, pues el mar es paisaje pero también deriva migratoria.
El mar es deseo, es aventura por alcanzar un sueño. El mar es una brecha que separa y a la vez encierra historias sobre los sueños frustrados por la realidad de la emigración fallida. El mar es promesa, es un encuentro con arriesgadas aventuras para huir de terribles realidades. El mar es un encuentro con el exilio, es dislocación física y cultural, es la pérdida de identidad en la búsqueda de un mundo nuevo. El mar es lejanía, es aislamiento y desprendimiento, es corte y separación, es nostalgia y extrañamiento.
La musicalidad del inmenso mar habla de la vida, del amor, pero también del destino, de la muerte y de la soledad. Esa es su naturaleza.